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Adiestramiento

 

Entre las primeras motivaciones que han empujado al hombre moderno a domesticar perros, han tenido enorme importancia las razones utilitarias. El hombre limitado en algunas de sus capacidades sensoriales, pronto comprendió que el perro podía suponer una preciosa ayuda en algunas actividades como la caza, guarda, pastoreo, etc. Algunos comportamientos naturales del animal podían efectivamente dirigirse a comodidad de su domesticador, como por ejemplo los comportamientos de defensa del territorio (que podían transformarse en actitudes de perro guardián) o los de tipo predatorio, por los que comenzó la utilización del perro de caza. Aunque para que los diferentes comportamientos instintivos del canis familiaris pudiesen ser verdaderamente de utilidad era necesario también que pudiesen ser dirigidos y condicionados por el hombre de manera direccional. Así, el perro de caza tan útil levantando presas gracias a su marcada cualidad para husmear, para hacerse verdaderamente útil debía señalar y a veces desanidar la presa pero sin abatirla, exactamente igual que el perro pastor debía vigilar y guiar las ovejas sin agredirías o dañarlas de ningún modo. Así se empezó a actuar sobre los comportamientos específicos dirigiéndolos, algunas veces, de manera diferente a los naturales (como ocurre en el caso del perro pastor), interrumpiéndolos en un determinado momento (como a veces sucede con los perros de parada, que vista la presa no deben apropiársela, sino sólo señalarla).

Con el paso de los años, la selección efectuada por el hombre ha modificado profundamente a los perros, llegando a aumentar algunas veces los impulsos instintivos hacia algunos comportamientos, o bien disminuir otros, mientras las bases del adiestramiento han permanecido invariables. En efecto, adiestrar un perro, sustancialmente quiere decir hacerle aprender determinados comportamientos y enseñarle a realizarlos todas las veces que se presenten determinados estímulos. Estos pueden provenir del conductor, bajo la forma de señales u órdenes, o del medio ambiente, como ocurre por ejemplo con la aparición de un malhechor, en el caso de los perros adiestrados para defensa.

Las secuencias de comportamientos aprendidos mediante el adiestramiento deben atenerse lo más posible a determinadas configuraciones concretas, y el índice de un nivel de adiestramiento superior es la mayor o menor precisión en su realización.

El adiestramiento normalmente está encaminado a la utilización del perro para un determinado cometido; este ultimo a menudo funda su razón de ser sobre comportamientos naturales instintivos, que mediante condicionamientos de diferente género son dirigidos con objetivos varios.

Así sucede tanto en el adiestramiento para la caza (donde encuentra expresión el comportamiento predatorio, aunque esté inhibido después en numerosas secuencias), como en el trabajo de guarda y vigilancia (en el que en gran parte encontramos el instinto de defensa del territorio).

Aparte de algunas excepciones, entre ellas los perros de circo adiestrados para ejercicios bastante antinaturales, en la base de cualquier tipo de adiestramiento están las inclinaciones instintivas hacia determinados comportamientos. Estas, que se podrían definir «predisposiciones naturales», pueden expresarse con reacciones emotivas de diferente intensidad, variables según la personalidad psicológica de cada animal y determinadas tanto por comportamientos adquiridos por vía hereditaria como por actitudes aprendidas a base de experiencia. Por tanto, cada perro tiene sus particulares características de tipo comportamental y es importante comprenderlas antes de iniciar con él una relación de adiestramiento.

A menudo, en la tentativa de definir las diferentes características entre sujetos se utilizan términos quizás un poco demasiado antropomórficos, aunque algunos han adquirido dentro de la tradición de amor a los animales, un preciso significado. Entre ellos:

Temperamento: Que indica la capacidad de reaccionar con rapidez a los estímulos procedentes del ambiente.

Temple: La capacidad de soportar los estímulos desagradables;

Docilidad: La predisposición a aceptar ciertas imposiciones cuando provienen del adiestrador;

Vigilancia: La atención hacia los estímulos insólitos procedentes del ambiente; y además Agresividad (que a menudo se confunde con el espíritu de lucha), o sea, la determinación a afirmarse a sí mismos tanto en las disputas entre perros como en los enfrentamientos con el hombre.

Posesividad: La inclinación instintiva a afirmarse a si mismos en la relación objetiva con algunos elementos del ambiente.

Estas características psicológicas son variables de individuo a individuo, y la diferente medida mediante la que pueden expresarse suministra notables indicaciones sobre las técnicas de adiestramiento que usar.

Así, para un animal de gran temple puede hacerse necesario un adiestramiento basado en la eficacia de ciertos refuerzos negativos, que con un perro de gran temperamento, pero menos resistente a los estímulos desagradables, podrían tener pésimos efectos. Igualmente puede resultar relativamente sencillo crear una corriente positiva de atención (básica para cualquier adiestramiento) con un perro de buen temperamento, que desgraciadamente con un sujeto más duro se construirá con mayor dificultad.Para los objetivos del trabajo, los excesos son de escasa utilidad: efectivamente, un perro de excesivo temple puede resultar in–adiestrable, y uno de demasiado temperamento ser demasiado fácil de distraer por los variados estímulos ambientales. Es ideal el perro equilibrado en la expresión de estas características: suficientemente duro para resistir los estímulos negativos del trabajo de fijación y, a la vez, lo bastante atento para aprender con facilidad y entusiasmo las diferentes secuencias de los ejercicios.

Con respecto a la agresividad, para los fines del adiestramiento las necesidades son muy particulares: efectivamente, el buen alumno debe ser lo suficientemente agresivo para combatir con fuerza y determinación en los momentos de lucha activa con el figurante, aunque lo bastante tímido como para poder mantenerlo bajo control en cualquier fase del ejercicio. Finalmente, una buena docilidad puede convertirlo en un animal adiestrable por cualquiera, incluso por un inexperto conductor; aunque si es excesiva, puede hacer al alumno vulnerable a relaciones demasiado cordiales también con los extraños, no siempre inofensivos. Para el adiestramiento con objetivos agonísticos se prefieren generalmente perros de fuerte temple o gran combatividad, capaces de afrontar las secuencias de ataque con entusiasmo, aunque se repitan innumerables veces. Estos perros que en las manos de un experto pueden llegar a sofisticados niveles de adiestramiento, la mayoría de las veces resultan un poco difíciles para los adiestradores inexpertos, demasiado propensos a dejarse engañar por un animal exuberante o incluso demasiado testarudo. Para estos adiestradores en formación puede resultar mucho más satisfactorio un perro blando, equilibrado, sociable y sobre todo disponible para una relación didáctica basada en el juego. El perro, de todos modos, debe ser bastante fuerte y seguro como para superar los posibles errores del adiestrador debut ante.

Sin embargo, el adiestramiento es una actividad muy seria y extremadamente delicada, que debe afrontarse con gran dedicación y, si es posible, con la ayuda de personas expertas.

Aunque los primeros pasos, que comprenden los diferentes ejercicios para enseñar a los perros aún en período de formación psicológica (llamada, ladrido controlado, marcha con la traílla, pista, etc.), pueden iniciarse por cualquiera, es fundamental el consejo de personas expertas en el momento en que, con el perro de diez, doce meses, o más, se afronten niveles más difíciles de adiestramiento, los que comprenden ejercicios de ataque.

Por lo demás, una actividad tan interesante como es el adiestramiento de un perro lo es aún más si puede compartirse con otros aficionados reunidos por los mismos intereses. Existen algunos campos ideales para el adiestramiento en los que se encuentran numerosos aficionados que se dedican al trabajo con el perro, compartiendo maravillosos momentos.

Aunque algunos ejercicios de preparación se pueden afrontar sin ayuda, hemos de tener en cuenta lo delicada que puede ser una conducta correcta del animal en los primeros trabajos de adiestramiento. Efectivamente, enseñar ciertos ejercicios al perro puede resultar relativamente fácil, incluso para los inexpertos, pero es mucho más difícil después corregir los defectos de conducta, especialmente cuando éstos afectan las inclinaciones emotivas del animal.

En la fase preparatoria, con el perro aún en edad formativa, se puede empezar algún ejercicio que requiera poco castigo y que pueda ser aprendido mediante refuerzos de tipo positivo: lo ideal es explotar la gran predisposición hacia ciertos tipos de aprendizaje que caracteriza la edad juvenil.

Así, con un cachorro muy curioso por el ambiente, se puede comenzar un trabajo de rastreo, interesando al joven alumno en la selección de señales olfativas. E igualmente explotando algunas inclinaciones lúdicas se puede animarlo a correr tras un trapo en movimiento, reforzando en él expresiones de comportamientos predatorios. Más tarde, en el período de formación de las relaciones jerárquicas, se pueden practicar vitales y confiadas relaciones sociales con respecto a los humanos, muy importantes para el éxito del adiestramiento.

Sin embargo, es fundamental limitar el castigo al mínimo, intentando instaurar con el alumno relaciones basadas en una atención positiva, premisa ideal para un trabajo vital y entusiasta.

 

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